Foto: Queridointrovertido.com

En muchísimas culturas a través del tiempo el baile ha sido parte primordial de las reuniones, de la convivencia y de la salud. Lo vemos en los bailes tribales y cómo los hacían para diferentes ocasiones e incluso eran prácticas para ofrecer a algún dios. Pero bailar nunca ha tenido nada que ver con bailar bien, ser joven o revelar el estilo de uno, como lo pensamos hoy. Mismo tiempo en el que nos hemos olvidado de la importancia de bailar como niños chiquitos, sin control, ritmo, ni pena.

Como lo explica The School of Life, los antiguos griegos eran en su mayoría adoradores comprometidos de la mente racional. Pero también sabían que cuanto más racionales somos, más importante es que en algunos momentos nos soltemos a los ritmos salvajes de flautas y tambores. En los festivales de Dionisio (que se celebran en Atenas en marzo de cada año), incluso los miembros más venerados y dignos de la comunidad se unían a un baile desenfrenado que duraba hasta el amanecer.

Por estas razones es importante bailar como si nadie te estuviera viendo - baile-2

Cuando hablamos de bailar como «locos», nos referimos a un baile «extático». Extático proviene de dos palabras latinas: ex (que significa aparte) y estasis (que significa estar de pie), lo que indica un estado en el que simbólicamente estamos ‘separados’ de nosotros mismos, de nuestras identidades y esas capas que trabajamos por mantener. A través del baile extático recordamos lo que es pertenecer, ser parte de algo más grande que nosotros mismos, indiferentes a nuestros egos, y reencontrarnos con la humanidad.

La verdad es que, necesitamos recuperar los beneficios del baile. Pero el mayor enemigo de esto es el miedo y es un miedo de vernos «como idiotas», por la importancia que le damos a las opiniones ajenas. Y eso nos enseñará esta práctica: aceptar con buena gracia que todo el punto de la danza es ser redentora, consoladora y catártica. A través de un baile así, podemos experimentarnos más regularmente como vulnerables frente a otras personas para convertirnos en mejores amigos de nosotros mismos y en compañeros más generosos y compasivos para los demás.

La verdad es que no hay mejor momento para ser felices que ahora.

Por eso atesora cada momento que tienes y atesóralo más cuando lo compartes con alguien especial, lo suficientemente especial para compartir tu tiempo y recuerda que el tiempo no espera a nadie.

Así que deja de esperar hasta que termines la escuela, hasta que vuelvas a la escuela, hasta que bajes 10 kilos, hasta que tengas hijos, hasta que tus hijos vayan a la escuela, hasta que te cases, hasta que te divorcies, hasta que sea viernes por la noche, hasta que sea domingo por la mañana, hasta la primavera, el verano, el otoño o el invierno, o hasta que mueras, para decirte que no hay mejor momento que éste para ser feliz.

La felicidad es un trayecto, no es un destino.

Parte de este post viene de thehappening.com y simplemente…¡nos ha encantado! Gracias por compartirlo

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